El presente texto se podría haber titulado “Todos somos Luis Alfonso Belmar” o “Todos somos “Daniel Barrera Arellano” o “Todos somos Silvia Vargas Escalera”. También podría haber tenido por título “Todos somos…” lo cual le permitiría a Usted, amigo lector, utilizar el espacio que he dejado en blanco después de la palabra “somos” para escribir ahí el nombre de la persona que Usted sabe ha sido asesinada y/o mutilada y/o extorsionada y/o asaltada, etcétera, en los últimos años en nuestro país.
Pongámoslo así: si Usted está vivo, amigo lector, es sólo porque nadie quiere hacerle daño. Si no se han robado su auto, es sólo porque a nadie le ha interesado. Si sus hijos no han sido secuestrados, es sólo porque nadie se ha fijado en ellos, etcétera: dado que no hay autoridad, vivimos a merced de los demás; no hay un tercero, es decir, no hay precisamente autoridades, que nos protejan de, y prevengan, los abusos y crímenes de quienes nos rodean y optan por delinquir y cometer faltas de todo tipo (desde matar hasta pasarse un alto). Mucho menos hay quien haga algo serio y bien hecho una vez que hemos sido víctimas de quienes sacan provecho, como ya decía, de que no hay marco legal que valga. Por eso, la madre de Alberto Wallace tuvo que investigar ella misma el secuestro y asesinato de su hijo: las “autoridades” no hicieron nada.
No sostengo que no haya leyes; lo que argumento es que son letra muerta porque quienes tienen que respaldarlas no lo hacen ya sea por corruptos, por negligentes o por incapaces. Eso es lo que abre la puerta a que el país sea de los más fuertes, más violentos, más cínicos, de los que no tienen ninguna consideración por los demás. Si los casos de Cabañas, Belmar, Barrera, Vargas y Wallace no bastan para apreciar que no exagero, aquí van otros: hace unos días, a José Villela le cayó encima un camión de basura que, impunemente, circulaba en el segundo piso del periférico. Hace unos meses, 49 niños murieron en una guardería que, impunemente, funcionaba sin cumplir los requisitos que la ley exige. Hace no mucho tiempo, varios jóvenes murieron en el News Divine, antro que operaba quebrantando todos los reglamentos existentes. Mientras tanto, nuestros “gobernantes” nos bombardean con spots, ponen pistas de hielo y organizan frecuentemente foros inútiles.
No sé si seamos ya un Estado fallido; creo que sí. En todo caso, para allá vamos: ¿y luego? ¿Andaremos todos armados? En una jungla eso es lo racional: vaya futuro el que nos espera.