(Publicado en "Excélsior," México, el día 15 de agosto de 2007)
Armando Román Zozaya
Una izquierda inteligente entiende que la mejor forma de organizar la vida económica de una sociedad de masas es por medio del mercado. Asimismo, sabe que éste es un contexto artificial en el que, gracias a diversas reglas respaldadas por la autoridad, los intercambios ocurren voluntariamente, procurando la protección del consumidor y evitando que haya discriminación alguna. De esta manera, una izquierda pensante debería ver con claridad que nuestro país no es –aunque lo pretende– una economía de mercado: la ley es endeble, muchos individuos son discriminados y sufrimos de monopolios. Por esto mismo, una izquierda iluminada no diría que el problema de México es el mercado sino que los mercados ni son de verdad ni son para todos.
Una izquierda sensata comprende que el socialismo no funciona: todas las naciones que en algún momento fueron socialistas se colapsaron; las que han sobrevivido se mantienen bajo dictaduras férreas y se han acercado, precisamente, al mercado (China y Cuba). Aunado a ello, en su momento, la URSS y sus satélites nunca produjeron, ni de cerca, los niveles de bienestar que las economías occidentales sí fueron, y son capaces, de alcanzar.
Una izquierda seria no cuestionará que vivamos en una sociedad donde haya desigualdad de resultados, pero, sí intentará crear (relativa) igualdad de oportunidades. Hablo de “relativa igualdad” porque la igualdad absoluta exige que sacrifiquemos demasiada libertad. Además, en todo caso, es imposible de alcanzar. Ejemplo: si los padres del niño X son académicos y los del niño Z barrenderos, es probable que X tenga una mejor educación que Z, dado el ambiente que prevalece en su hogar, incluso si ambos estudian en la misma escuela: ¿separamos a estos niños de sus familias con el fin de que el Estado los críe y evitar así que X aventaje a Z?
Dado lo anterior, una izquierda inteligente buscará –esté en el poder o no– que la educación y los servicios de salud sean para todos: un gran paso para crear (relativa) igualdad de oportunidades. Esto no implica necesariamente que dichos servicios sean públicos; podrían ser privados y las personas recibir subsidios para acceder a ellos: lo crucial es encontrar la manera de proveer educación y salud de calidad garantizando que todo ciudadano les disfrute. Si ese mecanismo es el mercado, ¡adelante! Y si no pues no: no es una cuestión de ideología sino de pragmatismo.
Una izquierda seria no tolerará ni la discriminación ni los monopolios. Tampoco permitirá que, con base en “usos y costumbres,” un cacique indígena bloquee la libertad económica de otros indígenas. Asimismo, se asegurará de que todo individuo reciba un ingreso mínimo que le garantice cierta autonomía. La izquierda pensante es, entonces, la que comprende que la intervención en los mercados es necesaria, sí, pero no para limitarlos sino para potenciarlos.
Una izquierda respetable es la que acepta la crítica. Asimismo, una izquierda inteligente no alaba un día a José Luis Soberanes –porque cuestionó la actuación de la autoridad en Atenco– para pisotearlo al día siguiente porque consideró que Ernestina Ascencio no fue violada. Una izquierda visionaria no descalifica a quienes protestan contra la legislación que despenaliza el aborto –argumentando que se trata de una ley ya aprobada– a la par que apoya a quienes cuestionan otra ley también ya aprobada: la del ISSSTE. Una izquierda lúcida no justifica los abusos de Hugo Chávez contra un medio de comunicación al mismo tiempo que, si se diera el caso de que el Presidente Calderón criticara a medios afines a la izquierda, le haría pedazos. Una izquierda seria no desarrolla playas artificiales. Tampoco organiza ciclotones y mucho menos se inventa una nueva fecha de aniversario de la Independencia: se pone a trabajar para que el D.F. deje de ser lo que es.
Una izquierda inteligente no se llama, pues, PRD; un país sin izquierda inteligente se llama México. Ojalá que ahora que son tiempos cruciales para el perredismo, el partido haga algo al respecto
miércoles, agosto 15, 2007
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1 comentarios:
Hola,
Visto el reciclaje de artículos y con el nuevo ritmo de publicar cada dos semanas, ¿cuánto tiempo nos llevará leer algo nuevo? ¿2010?
Saludos.
JMB
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