miércoles, octubre 10, 2007

Spots, credibilidad y legitimidad

(Publicado en "Excélsior," el día 10 de octubre de 2007)

Armando Román Zozaya

Todos los días sufrimos los spots que nos dirigen la Presidencia de la República, el Gobierno del Distrito Federal, el Congreso de la Unión y los gobernadores. A toda hora, en cualquier canal de TV y en cualquier estación de radio, nuestros legisladores nos informan que el México que ellos quieren es el que nosotros queremos; ¡faltaba más! De la misma manera, el Presidente Calderón hace acto de presencia cada tres minutos para dejarnos claro que el país está en ruta de ser próspero. Para que no nos quede duda, sus mensajes se complementan con audios y videos en los que un ciudadano le explica a otro la reforma fiscal, la reforma electoral, etcétera. El asunto no termina ahí: Marcelo Ebrard, Enrique Peña y un largo etcétera también se dejan ver cada vez que pueden; no vaya a ser que no nos demos cuenta de lo bien que están trabajando.

¿Por qué tanta publicidad? Porque cuando quienes gobiernan no disfrutan de credibilidad, recurren a la propaganda con el fin de intentar que la gente les crea. De esta manera, no es sorprendente que nuestras autoridades nos agobien con sus repetitivos mensajes: saben, y bien, que sólo muy pocos ciudadanos confían en ellas. Así, desde su perspectiva, es necesario que cada minuto del día nos recuerden que sí trabajan, que sí sirven para algo.

Aclaro que cuando hablo de ausencia de credibilidad no me refiero a un problema que se origine porque, como piensan algunos, Felipe Calderón llegó a Los Pinos gracias a un fraude electoral, o porque, como lo piensan otros, el señor Marcelo Ebrard es una marioneta de cierto presidente “legítimo,” por mencionar un par de circunstancias concretas, no, a lo que me refiero es a que, en México, las autoridades sufren de una falta de credibilidad estructural, la cual es producto de que no disfrutan de legitimidad plena, situación que es resultado de años de falsas promesas, de décadas –tal vez siglos– de corrupción en la esfera pública, de que la ley nunca se ha aplicado adecuadamente, de que, desde siempre, los funcionarios y políticos ganan fortunas mientras que millones de mexicanos no tienen ni qué llevarse a la boca, etcétera. Por eso pocos ciudadanos creen en quienes nos gobiernan, y creen poco. De hecho, la ausencia estructural de legitimidad y de credibilidad es la causante de que no falte quien opine que el señor Calderón es un fraudulento y/o que el señor Ebrard es un títere.

Ahora bien, desde hace unos lustros, mucha de la publicidad política está diseñada para capturar nuestros votos. Pongámoslo así: en los últimos años, mientras que quienes están en el poder se desviven por que alguien les crea algo, aquellos que anhelan gobernar pretenden hacernos pensar que ellos sí harán bien las cosas. Pero en México los ciudadanos no confían ni en el gobierno ni en la oposición. Es más, en nuestro país sólo pocos consideran que la palabra de los políticos tiene valor: ¿cómo esperar lo contrario cuando un día se nos dice que sería muy útil aumentar los impuestos a la gasolina, por lo que hay que hacerlo a la brevedad, para que al día siguiente se anuncie que el aumento se retrazará unos meses? ¿Por qué creerle a quienes hacen nuestras leyes sin leerlas? ¿Por qué confiar en quien nos dijo que si perdía la elección presidencial reconocería su derrota para luego hacer berrinche?

Para que nuestras autoridades gocen de legitimidad y credibilidad, para que nuestros políticos dejen de ser vistos como parásitos y para que los partidos consigan nuestros votos, no es necesario que el Presidente Calderón aparezca en la radio ni que Marcelo Ebrard esté en la tele un minuto sí y el siguiente también. Tampoco se requiere que los legisladores insistan en que sus deseos son los nuestros; basta con que la ciudadanía experimente que hay empleo, que los servicios de salud funcionan, que la inseguridad ya no es un problema, etcétera. En concreto, lo que se necesita es que las autoridades se pongan a trabajar y que lo hagan bien: ese sería su mejor spot; a ver para cuándo, ¿verdad?

1 comentarios:

Reva Doiss dijo...

Hay un bloque de programas en el canal FOX llamado "No Molestar" en donde uno de sus spots de promoción dice "Sabemos que es muy difícil hacerte reír. Por eso hemos decidido no intentarlo".

¿Qué tal que a los políticos dejen de intentar convencernos que son buenos? Sería un mundo interesante.

Creo que también parte del problema surge porque estos muchachos tienen una partida bastante grande de su presupuesto para promoción, pero no tienen idea de cómo usar ese dinero. Por eso salen con esos anuncios cursis patéticos.

Por cierto, ¿Ya escuchaste el nuevo spot de la Secretaría de Seguridad Pública? Dicen "tal día de septiembre de 2007, la Reina del Pacífico vende cocaína y envenena a nuestros hijos. 28 de Septiembre, gracias a la inteligencia e investigación de nuestras fuerzas policiales fue posible aprehender sin violencia en un restaurante de la Ciudad de México a la Reina del Sur. El Gobierno Federal protegiendo a tus hijos"

Hermoso, hermoso