(Publicado en "Excélsior," el día 30 de enero de 2008)
Al día de hoy, definir izquierda y derecha es complicado; el contenido de cada categoría ha cambiado a lo largo del tiempo (de hecho, está en constante transformación). Además, cualquiera se autodenomina de derecha o de izquierda sin siquiera comprenderlas cabalmente. De esta manera, cuando hablamos de la “izquierda” mexicana, no es evidente a qué y a quiénes nos referimos: ¿el EZLN, el EPR, López Obrador, el PRD, el FAP, una parte del PRI, tal vez incluso una facción del PAN, la APPO?
Dado lo anterior, el mejor método para dar con nuestra izquierda consiste en tomarles la palabra a quienes se autodefinen como parte de ella. Así, por lo menos, el PRD, el EPR, el FAP, López Obrador y su gobierno “legítimo,” así como el EZLN, entre otros, constituyen la izquierda mexicana. Esto no implica que todos ellos sean iguales: hay de izquierdas a izquierdas; no es lo mismo el EPR que el PRD, por ejemplo. Pero con todo y la variedad, es posible agrupar a la izquierda del país en dos bloques: la izquierda inteligente y la izquierda chueca.
La izquierda chueca está compuesta por grupos autodenominados de izquierda que, con distintos grados de compromiso, se identifican con las siguientes ideas:
- El capitalismo resulta en desigualdad, la cual es indeseable. De esta manera, mientras tal sistema impere, el mundo no mejorará: hay que aniquilarlo incluso si, para lograrlo, alguien debe morir o es necesario dinamitar ductos de PEMEX.
- La economía de mercado es útil, pero es indispensable que el Estado regule y/o actúe directamente en sectores clave: el energético, las telecomunicaciones y otros. La inversión privada no debe participar en estas áreas...mucho menos si es extranjera. De hecho, la inversión privada es de cuidado: por definición, los empresarios se de dedican a ver cómo “joden” a la mayoría de los mexicanos; los ricos son maliciosos.
- El Presidente de la República es lo máximo: todo puede ser, y debe ser, resuelto por él. Es verdad que hay diputados, senadores, cortes, gobiernos locales y una sociedad civil, pero la voluntad presidencial es suprema. Por ello, ni una palabra sobre una reforma del Estado que resulte en menos poder para el titular del ejecutivo.
- La izquierda es beatitud, la alegría misma. Por lo tanto, a menos de que uno sea imbécil, tendría que ser de izquierda. Y si no se es imbécil y tampoco de izquierda, entonces se es un traidor a la patria.
- La democracia que conocemos –cada persona un voto– no es genuina. De hecho, es un invento del que el factor capital se sirve para perpetuarse; por ello va de la mano de la economía de mercado. La democracia de verdad es la que se ejercía en el México precolombino y de la cual, afortunadamente, los indígenas de Chiapas todavía retienen algo: el autogobierno por medio de los ancianos, el cual resulta en comunidades paradisiacas en las que las mujeres viven felices, no hay cacicazgos, no hay abusos, etcétera.
- La democracia mexicana marchaba bien. Lástima, pues, que miles de funcionarios de casilla, el IFE, el expresidente Fox, el PAN y el Tribunal Electoral, entre otros, cometieron un descomunal fraude en 2006. Desde entonces, la democracia tendrá validez únicamente si López Obrador gana los comicios de 2012. Y si alguien dentro de la izquierda se atreve a reconocer al “espurio” –y “fascista”– que nos gobierna, se trata, sin duda, de un traidor que se merece lo peor.
La izquierda inteligente es la que cree en los votos, en la ley y en la política. Es la que sabe que la prosperidad que disfrutan naciones como Reino Unido, Francia, Alemania, Finlandia, Suecia y Noruega es producto, precisamente, de una izquierda que supo trabajar dentro de las instituciones, que entendió que el mercado es positivo y, sacando provecho de la democracia, negoció para que, incluso cuando no detentaba el poder, se siguieran políticas públicas favorables a quienes menos tenían.
Nos urge una izquierda inteligente: ojalá que, quienes se identifican con ella, den la cara y no se dejen amedrentar por la otra izquierda, la chueca.
miércoles, enero 30, 2008
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