miércoles, marzo 12, 2008

"México: conversaciones en el vacío"

(Publicado en "Excélsior," el 12 de marzo de 2008)

Armando Román Zozaya

No sabemos dialogar. El problema se origina en el hecho de que no escuchamos. Tampoco tenemos habilidad para expresar nuestras ideas. Esto resulta en que, en las contadas ocasiones en que alguien presenta un argumento, no lo asimilamos ni, si así lo deseamos, somos capaces de rebatirlo. De hecho, en vez de argumentar, marchamos en la calle; en vez de intercambiar puntos de vista, tomamos la tribuna del Congreso.

Por ejemplo, cuando alguien destaca que López Obrador no es un demócrata, sus seguidores son incapaces de defenderle coherente y sensatamente. Así, en lugar de discutir sobre el tema en cuestión, se limitan a decir que el PRI y el PAN son unos ladrones y usurpadores. Más allá de si esto es cierto o no, no es lo que se está debatiendo, no es sobre lo que se está hablando.

Otro ejemplo: si a un lopezobradorista usted le dice que la administración del Gobierno del DF que encabezó el señor López Obrador debería ser investigada porque hay sospechas de que se dieron malos manejos, obtendrá esta respuesta: “Malos manejos los hay en todos lados”. No, el asunto no va por ahí: si los seguidores de López Obrador asimilaran lo que se les dice, se darían cuenta de que deberían rebatir, con argumentos y evidencias, las críticas que a él se le hacen, es decir, no sosteniendo que, si AMLO deja mucho que desear, no importa porque todo el mundo es igual: ¿qué clase de “argumento” es ése?

También ocurre que, si resaltamos que la izquierda de este país es patética, nadie se molesta en conversar sobre ello sino que se nos grita que la derecha está igual. El punto no es que hablar de la derecha sea irrelevante sino que, de nuevo, sobre eso no se está planteando la discusión. Insisto: no sabemos conversar. Es más, nos concentramos, no en lo que alguien nos dice, sino en lo que no nos dijo.

Lo mismo vale para el PAN y la defensa que está haciendo del actual secretario de Gobernación. Repasemos la situación: al señor Mouriño se le acusa de haber firmado ciertos contratos en circunstancias que, por lo menos, dejan ver su falta de ética. Sí, suena duro, pero, ¿ahora resulta que porque el secretario Mouriño ya no era apoderado legal de las empresas de su familia cuando firmó los contratos en cuestión entonces no había ningún conflicto de intereses en su actuación? ¿Acaso ignoraba de quién eran las empresas contratadas?

Lo hecho por Juan Camilo Mouriño es penoso, sobre todo porque él es parte fundamental del gabinete de un Presidente que se ha presentado como de “manos limpias”, que respalda el Estado de derecho y cree en la ley. De hecho, así como López Obrador debía haber renunciado a la Jefatura de Gobierno del DF cuando se destapó el bejaranazo-ahumadazo, ahora el señor Mouriño tendría que separarse de su cargo, apoyar una investigación seria de lo ocurrido y, si sale bien librado, regresar a su posición. Y, si no, pagar las consecuencias.

Pero no, por supuesto que no: ¿qué respondieron el PAN y el secretario Mouriño ante las acusaciones del PRD? Que “malos manejos los hay en todos lados”. Por ello, Germán Martínez, presidente del PAN, declaró que, si se investigaba al secretario de Gobernación, también había que investigar a toda una serie de perredistas. Por si eso fuera poco, el propio señor Mouriño comentó, en un primer momento, que había dejado grandes negocios para servir en la administración pública, es decir, para servir a la patria. Después aclaró lo ya apuntado: cuando firmó los contratos, no era más el apoderado legal de las empresas de su familia.

En fin: no discutimos, no conversamos y no escuchamos; nada más atacamos y “dialogamos” en el vacío. Y ni qué decir de la tonadita de que “si yo soy un mal funcionario, otros también lo son”, “si yo no tengo ética, sobran quienes son como yo” y “si rompí la ley, no importa: todos lo hacen”. De seguir por esta ruta, nuestro futuro es nebuloso. Eso sí, cuando el día de mañana nuestros hijos nos lo reclamen, seguramente les vamos a responder que “malos manejos los hay en todos lados,” ¿verdad?

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Cierto. De acuerdo.
Buen texto Armando.
Un abrazo,

JR.