Armando Román Zozaya
(Publicado en "Excélsior," el día 4 de junio de 2008)
Marcelo Ebrard, Jefe de Gobierno del D.F., considera que “no hay que tenerle miedo a la opinión de la gente,” por lo que ha decidido respaldar –con palabras y hechos– la propuesta de López Obrador y el PRD para que haya un referéndum nacional sobre la reforma energética. Como la figura del referéndum no está contemplada en la Constitución, don Marcelo se limitará a dos acciones: 1) después del debate que está teniendo lugar en el Senado, organizará una consulta a nivel Ciudad de México; los defeños expresarán su opinión sobre la ya mencionada reforma, y 2) invitará a los gobernadores de los estados a que también lleven a cabo consultas ciudadanas.
¡Qué bien que quienes vivimos en la Ciudad de México contemos con un gobernante que muestra tal sensibilidad! No obstante, ¡qué mal que esa sensibilidad sólo salga a flote cuando así conviene a la autoridad local! Y es que si no hay que temer a la opinión de la gente, y además se considera que incluso para un asunto tan complejo como la reforma energética cualquier opinión es tan válida como la de los expertos en la materia, ¿por qué el gobierno de la ciudad no organiza una consulta sobre la despenalización del aborto y sobre la ley antitabaco? ¿Por qué no se nos pregunta si estamos de acuerdo en que, en vez de apuntalar el transporte público, se construya un túnel del Auditorio a Santa Fe? ¿Por qué no se nos permite opinar sobre si sería conveniente reglamentar las marchas y manifestaciones? ¿Qué espera la administración de Ebrard para preguntar a la ciudadanía cuánto nos cuesta, en términos de tiempo, dinero, angustia y violencia, desde la cotidiana hasta la que puede ser brutal, vivir al “amparo” de una fuerza policial que, además de poco productiva y eficaz, utiliza parte de su tiempo para extorsionarnos? ¡Venga, señor Ebrard, no tenga Usted miedo de la opinión de la gente! ¡Pregúntenos qué sentimos cuando vemos cuánto gana un legislador local, cuánto un funcionario de su gobierno y cuánto Usted para luego darnos cuenta de que en esta ciudad poco funciona como debería!
Lo que propone y va a hacer Marcelo Ebrard me causa risa y exasperación. No quiero decir, de manera alguna, que consultar al pueblo sea una mala idea. Es más, es necesario que la figura del referéndum, y la del plebiscito, sean incluidas en la Constitución, pero no para decidir sobre todo asunto, mucho menos para uno tan complejo como la reforma energética. De hecho, lo que exaspera es que a don Marcelo le haya salido lo demócrata justo ahora, es decir, justo cuando se está debatiendo un tema que debería estar únicamente en manos de los legisladores, quienes apoyados por expertos en la materia, tendrían que decidir qué es lo que más conviene al país. Y lo que da risa es que Ebrard, quien ha hecho hasta lo imposible por no reconocer a Felipe Calderón como Presidente de la República, finalmente haya terminado por admitir quién encabeza el ejecutivo federal: al organizar una consulta plenamente vinculada a una propuesta que fue hecha originalmente por la Presidencia de la República, Ebrard ha reconocido quién es el presidente de México.
Seamos francos: a Marcelo Ebrard no le preocupa realmente, para nada, lo que la ciudadanía piensa; ha tenido muchas oportunidades para consultarnos y no lo ha hecho. Queda claro, entonces, que la consulta que va a organizar es, como se dice coloquialmente, puro rollo. Se trata de un ejercicio que tiene fines políticos y que Ebrard mismo, el PRD y, sobre todo, López Obrador, planean utilizar para tratar de dinamitar la propuesta de reforma elaborada por el presidente Calderón; están comprando tiempo para luego irse con todo sobre el ejecutivo federal para ver si, ahora sí, logran tumbarlo o, por lo menos, debilitarlo. Si no es así, que expliquen por qué, de repente y de la nada, les urge tanto enterarse de la opinión del pueblo.
Y mientras tanto, que PEMEX siga decayendo, que el D.F. continúe como tierra de nadie y que Marcelo prosiga con su campaña para 2012: este pobre país aguanta eso y más.
miércoles, junio 04, 2008
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