(Publicado en "Excélsior," el 16 de julio de 2008)
Armando Román Zozaya
A Carolyn, quien está hospitalizada
luchando por no perder a nuestro bebé
La dirección general del IMSS y el sindicato del mismo han concretado un acuerdo con relación al régimen de pensiones del que disfrutan los trabajadores del Seguro. A partir de ahora, todo nuevo empleado tendrá una pensión basada en una cuenta individualizada de aportaciones voluntarias. A cambio, el IMSS entregará bonos de productividad a los trabajadores.
Seguramente, pronto surgirán quienes, con la intención de criticar para destruir, dirán que las pensiones del IMSS han sido privatizadas. Pero si bien es verdad que éstas ya no estarán respaldadas por las arcas públicas, esto no es nocivo necesariamente. De hecho, en otros países, por ejemplo Reino Unido, Chile y, poco a poco, Alemania, las pensiones en general, es decir, no nada más las de los burócratas, han sido privatizadas. Los resultados han sido buenos; han permitido liberar recursos públicos. Asimismo, han hecho posible que los pensionistas del mañana tengan claro que el futuro está en sus manos, es decir, se ha creado conciencia entre la población respecto a las responsabilidades que la vejez conlleva.
En pocas décadas, México dejará de ser un país de jóvenes para convertirse en uno de viejos. Así, es importante que construyamos una conciencia como la mencionada: tenemos que entender que, hacia 2040, habrá menos trabajadores activos por cada adulto mayor que al día de hoy. Esto resultará en gastos de salud y pensiones de magnitudes hasta ahora desconocidas en nuestro país; será difícil que, el día de mañana, el sistema de seguridad social que hemos conocido desde hace muchos años nos siga siendo útil. Por eso es que el acuerdo IMSS-sindicato, así como la nueva ley del ISSSTE, son pasos en la dirección correcta.
Pero aunque son pasos importantes, no son suficiente pues, más allá de cómo se paguen –vía erario, ahorros del trabajador y/o de su familia– las pensiones se tienen que cubrir; lo mismo vale para los servicios de salud: los adultos mayores requieren atención que significa gastos, es decir, que exige que parte de nuestro producto sea dedicada a ellos. De esta manera, además de hacer ajustes a los sistemas de seguridad social, es también urgente que incrementemos nuestros niveles de productividad, sobre todo porque, relativamente pronto, como ya decíamos, habrá menos trabajadores activos por cada anciano que al día de hoy: si no somos productivos, no podremos sostener a nuestros viejos, más allá de si hicimos cambios al IMSS y al ISSSTE.
Al respecto, es también importante mencionar que, precisamente gracias al cambio en los regímenes de pensiones, es posible que nuestro sistema financiero mejore, como ha ocurrido en Chile, donde las pensiones privadas resultaron en una actividad financiera más productiva: los nuevos ahorros disponibles encontraron vías de ser utilizados de modo tal que refinaron el aparato financiero y mejoraron el rendimiento del sistema económico. Claro está que esto exige las regulaciones y la supervisión adecuada, pero, es posible y coadyuva a concretar lo que enfatizábamos: elevar la productividad.
Mencionemos igualmente que el acuerdo IMSS-sindicato evidencia que, en este país, sí es posible negociar y construir. Evidentemente, todavía queda pendiente saber si la edad para jubilación se incrementará, qué exactamente significa lo de “bonos de productividad,” etcétera, pero, por lo pronto, celebremos que se logró un acuerdo de relevancia. Por ejemplo, además de lo ya comentado, gracias a dicho acuerdo el IMSS podrá contratar a la brevedad parte de los trabajadores que le hacen falta.
Finalmente, esperemos que el resto de sindicatos del país, y la clase política en general, entiendan por fin que éste ya no es el mismo de hace unas décadas, por lo que hay replantear gran parte, si no es que todo, el funcionamiento del mismo: los países que saben ajustarse a los retos que encaran progresan; los que no, se atascan.
miércoles, julio 30, 2008
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