jueves, agosto 14, 2008

"Fin del pacto social"

(Publicado en "Excélsior," el día 14 de agosto de 2008)

Armando Román Zozaya

El Estado se ha colapsado: México es una jungla. Muchas fueron las advertencias, los reclamos y las exigencias; en los medios, en las calles. Sin embargo, nuestras “autoridades” no escucharon a los millones de mexicanos que pedimos a gritos que tuvieran cuidado, que no permitieran que llegáramos a donde estamos. Lo mismo vale para los otros muchos mexicanos que no son cívicos, que les “vale madre” el prójimo y que, ante el contexto de orfandad institucional que nos caracteriza, eligen robar, secuestrar, violar, matar y un larguísimo etcétera: la falta de legalidad y la nula conciencia de quienes optan por delinquir han resultado en que el pacto social mexicano –que de por sí nunca había sido pleno– se haya disuelto totalmente.

Y es que el Estado –el pacto social básico– es un contexto en el que el gobierno brinda seguridad a los ciudadanos a cambio de que éstos renuncien a su legítimo derecho a defender su patrimonio y a sus familias por cuenta propia. Para que esto sea posible, la ciudadanía paga impuestos y se obliga a apegarse a la legalidad; si no lo hace, encara consecuencias jurídicas. Pero en México el gobierno no cumple con sus funciones básicas. Paralelamente, hay muchos mexicanos que tampoco lo hacen: nos encanta tolerar la corrupción, evadir impuestos, pasarnos los altos, estacionarnos en triple fila, bloquear las rampas y lugares de estacionamiento dedicados a los inválidos, comerciar “litros” de gasolina que son de 800 mililitros y, en general, cometer una infinidad de faltas que, si bien son menos graves que un secuestro o un asesinato, claro está, nos dejan ver que estamos atrapados en un círculo vicioso que, como ya decíamos, ha terminado por destruirnos como sociedad supuestamente civilizada: la debilidad gubernamental alimenta la impunidad lo que, a su vez, favorece a la delincuencia, cuestión que merma a la autoridad. Y así sucesivamente.

El punto es éste: los responsables somos todos; no nada más el gobierno. No obstante, esto no significa que éste no sea el primero que debería cambiar para bien: de quienes se aprovechan de los débiles, matan con gusto y ningunean a sus semejantes no se puede esperar nada; por eso urge que la autoridad actúe adecuadamente: sólo así romperemos el círculo vicioso que nos ha hundido. Pero el problema tiene una característica que hay que destacar: quienes se aprovechan de los débiles, matan con gusto y ningunean a sus semejantes son parte de las policías, del gobierno, que nos debería brindar protección: “jaque mate,” le dicen los criminales a los ciudadanos.

La solución es de largo plazo y pasa por varios terrenos: educación, creación de fuerzas policiales de verdad, reformas al aparato de justicia en todos los sentidos, etcétera. El objetivo de todo esto tiene que ser el siguiente: terminar con la impunidad y proveer a la ley con verdadero poder disuasivo, es decir, hacer del Estado una amenaza creíble: es apremiante dejar claro que, quien se dedique a delinquir, lo pagará. De esta manera, menos personas optarán por la ruta del crimen.

Mientras no ocurra lo anterior, podemos implantar la pena de muerte para los secuestradores o hasta estipular que se les quemará vivos; de nada servirá: los criminales no le temen al Estado. Lo peor: los ciudadanos sí. Por eso, no nos sorprendamos si comenzamos a enterarnos de policías que son atropellados al intentar detener algún vehículo. O de padres de familia que andan armados y, a la menor provocación, disparan. O de conflictos entre condóminos que terminan en tragedia. O de franeleros asesinados por automovilistas que están hartos de ellos. O de automovilistas asesinados por franeleros. O de más secuestros, ejecuciones, delitos sexuales, etcétera: dado que no hay autoridad, el país es de quienes se aprovechan de ello. Bueno, sí hay autoridad, pero, está ocupada en consultas inútiles, tomar tribunas y tratar de “guanajuatizar” al país.

México, pues, ha dejado de ser un Estado; es la selva. En ésta, todo se vale: tenga Usted cuidado, amigo lector.

1 comentarios:

Ricardo Martínez dijo...

Te mando un saludo. Hacía rato que no paseaba por aquí. La selva forma parte de la biosfera mexicana. Parecía que estaba en peligro de extinción pero hemos encontrado la forma de recuperarla aunque sea un poco cambiada, sin árboles pero sí con bestias salvajes por doquier.

Un abrazo y no pierdas el ánimo. Aún habemos quienes creemos que es posible encontrar un poco de orden en este caos.