(Publicado en Excélsior, el día 10 de septiembre de 2008)
Armando Román Zozaya
El día de ayer, en estas mismas páginas, don Jesús Ortega, destacado perredista, publicó un texto titulado “Torpeza neoliberal”. En él, culpa al neoliberalismo de la inseguridad que sufrimos y de la mala situación económica por la que atravesamos. Igualmente, argumenta que ni el PAN ni el PRI son útiles para el país: la solución a nuestros problemas radica en el PRD. Al respecto, apuntemos lo siguiente:
En primer lugar, México no es un país neoliberal pues la ley no se respeta, los contratos pueden ser violentados sin mayor problema, la propiedad privada no es inviolable y los mercados no funcionan (les falta infraestructura y están plagados de discriminación de todo tipo: sexual, racial, etcétera). Asimismo, existe un sistema de seguridad social que, aunque con fallas y lejos de la perfección, brinda servicios de salud a millones de personas de manera gratuita en el punto de uso, cuestión que también ocurre con la educación y con los muchos otros servicios vinculados a la política social del gobierno federal y de los gobiernos locales. De esta manera, sostener que en México prevalece el neoliberalismo es una muestra de ignorancia. Asimismo, y en la misma línea, promover la idea de que gran parte de nuestros males son producto de un orden neoliberal es reflejo de que no se entiende a fondo la problemática del país. Peor aún: prometer solucionar dichos males sin entenderlos plenamente es una irresponsabilidad y evidencia que, quienes esto prometen, no nos deben gobernar: ni siquiera saben de qué están hablando.
En segundo lugar, si bien un orden totalmente neoliberal no es deseable, algunos aspectos del neoliberalismo son positivos. De hecho, en México el problema no es el neoliberalismo sino, entre otras cosas, la ausencia de algunos de sus componentes. En concreto, como ya dejamos ver, el neoliberalismo no tolera la discriminación, ni el amiguismo, ni la falta de legalidad, ni los abusos de autoridad; un orden neoliberal es uno meritocrático. De igual manera, el neoliberalismo exige infraestructura y legislación a favor de los mercados; si no hay infraestructura y falta dicha legislación, éstos no rinden y suelen resultar en monopolios. ¿Acaso no nos vendría bien terminar con la discriminación? ¿No sería positivo que viviéramos en un mundo de legalidad y que contáramos con caminos, puertos, trenes, etcétera, de calidad así como con mercados genuinos en los que todos participáramos?
En tercer lugar, es cierto que la economía mexicana no está rindiendo lo que podría y debería. Pero esto no es producto de las políticas supuestamente neoliberales del gobierno federal sino de que estamos fallando a nivel estructural e individual.
Con relación al estructural, pongámoslo así: ¿cómo queremos que la economía mexicana levante si, entre otras cosas, nuestro sistema educativo es patético?¿Esto es producto del neoliberalismo o de que tanto los gobiernos estatales y el federal no han sido capaces de poner orden en el sector educación? ¿Cómo queremos que el país atraiga más inversiones si aquí reinan la impunidad y la inseguridad?¿Cómo vamos a incrementar nuestro rendimiento económico si nuestro sistema financiero es pequeño, elitista y, en consecuencia, no conecta a los ahorradores con los inversionistas? ¿El que contemos con servicios financieros de pobre calidad y vivamos en un país inseguro es resultado del neoliberalismo?
Con relación al nivel individual, digamos esto: ¿vamos a salir adelante cuando quebrantamos la legalidad un día sí y el otro también? ¿Vamos a mejorar como país cuando somos incapaces de mostrarnos cívicos? ¿La economía crecerá rápidamente si parte de nuestra mentalidad se resume en “el que no tranza no avanza”?
La causa de que no nos vaya bien –y no sólo en el terreno económico– no es el neoliberalismo; éste ni siquiera está en pie en el país. La causa somos todos: “autoridades” y “ciudadanos”. Tengamos cuidado, pues, con la torpeza antineoliberal: sus ideas pueden ser contraproducentes.
miércoles, septiembre 24, 2008
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