lunes, noviembre 17, 2008

"¿Satanizar el capitalismo?"

(Publicado en "Excélsior," el día 22 de octubre de 2008)

En estos días de crisis e incertidumbre económicas no han faltado las voces que culpan al capitalismo y, por ende, a los mercados, de los problemas que el mundo está padeciendo: el capitalismo, entendido como sistema económico y como orden social, está siendo satanizado. No obstante, también se han expresado opiniones, según las cuales, en vez de condenar al capitalismo rotundamente, hay que reformarlo, es decir, mejorarlo. Al respecto, valen unos comentarios.

En primer lugar, no hay un solo país que consideremos próspero cuya economía no sea de mercado. Al mismo tiempo, todas las economías socialistas se han colapsado (la URSS y la vieja Alemania Oriental) o están a punto de que esto ocurra (Corea del Norte) o ya no son socialistas realmente (Cuba y China). De la misma manera, el socialismo nunca logró los niveles de bienestar que las economías capitalistas sí alcanzaron y han logrado incrementar sostenidamente. Un ejemplo: a principios de los años noventa del siglo pasado, el PIB/cápita de la República Democrática Alemana, país que, en su momento, fuera el más rico del bloque socialista, era de 9,000 dólares anuales. Mientras tanto, el correspondiente a la República Federal Alemana era superior a los 20,000.

En segundo lugar, no olvidemos que el progreso tecnológico, considerado el motor del crecimiento económico y, por lo tanto, del bienestar de las naciones, encuentra terreno fértil en los ambientes de libre competencia y propiedad privada pues, nos guste o no, la innovación suele realizarse con el fin de obtener ganancias a nivel, precisamente, privado (cabe aclarar que es verdad que una economía que crece no es, necesariamente, una en la que todo individuo disfruta de bienestar, no obstante, también es cierto que, si la economía no se expande, es difícil lograr progreso para todos. En otras palabras, sin avances técnicos, las posibilidades de prosperidad son pocas). Esto no quiere decir que toda persona que busca que la ciencia y la tecnología mejoren lo hace con fines de lucro, pero, sí es ese el caso las más de las veces. De esta manera, sin capitalismo, es decir, sin mercados, el sistema económico podría perder vigor lo que, a su vez, tiene el potencial de terminar dañando a la sociedad.

En tercer lugar, “los mercados” no operan solos. De hecho, no son capaces de acción alguna pues no son agentes o entes sino instituciones que utilizamos para concretar nuestras transacciones económicas. Lo que queremos transmitir es que no es adecuado responsabilizar al capitalismo o a los mercados de lo que nosotros, es decir, los agentes económicos, decidimos y hacemos: ¿es culpa de “los mercados” el que, en Estados Unidos, haya habido prestamistas –de diferentes tipos– que no fueron cuidadosos a la hora de otorgar créditos? ¿Es culpa de “los mercados” que, paralelamente, haya habido individuos que se endeudaron de más? Una cosa es que los mercados nos brinden la posibilidad de hacer algo y otra, muy distinta, que lo hagamos.

En cuarto lugar, es importante resaltar que contamos con evidencia científica –proveniente de las ciencias sociales– que nos permite sostener que, si de lo que se trata es de que las personas tengan incentivos a invertir, trabajar, innovar y ahorrar –acciones todas que le brindan dinamismo a la economía–, no hay mejor orden social que uno basado en la propiedad privada de los medios de producción, es decir, que uno capitalista.

Al día de hoy, ¿podríamos abandonar el capitalismo? Por supuesto, pero, es probable que la economía vinculada a nuestro orden social alternativo no sea la que necesitamos, sobre todo cuando estamos hablando de países muy pobres y con grandes rezagos. ¿Significa esto, entonces, que debemos vivir bajo un capitalismo totalmente “libre,” es decir, sin regulaciones, impuestos, contribuciones a la seguridad social, etcétera? No: ahí está el ejemplo de las naciones europeas que, sin dejar de ser capitalistas, han sabido construir sociedades prósperas, relativamente equitativas y en las que, si bien hay problemas, la gran mayoría de la gente vive decentemente.

El mensaje es, pues, que no hay que satanizar al capitalismo sino reorientarlo, como argumentan quienes piensan que, para tratar de evitar que ocurra de nuevo lo que ahora nos está pasando, es necesario redefinir el orden económico mundial. Y para eso, se supone, existen autoridades. Para eso también es que los humanos somos capaces de razonar entre el bien y el mal, así como entre lo prudente y lo imprudente: no culpemos a los “mercados” de lo que hacemos por medio de ellos.