miércoles, diciembre 31, 2008

"Ebrard: la carreta delante de los bueyes"

(Publicado en "Excélsior," el 31 de diciembre de 2008)

Armando Román Zozaya

Marcelo Ebrard y su gobierno cerraron, por tres días, un importante tramo del Paseo de la Reforma. El objetivo: preparar las celebraciones de año nuevo que tendrán lugar en la Ciudad de México. Esto provocó enorme caos vial, desesperación entre los automovilistas, más contaminación ambiental y más estrés para quienes habitamos en el Distrito Federal. Como es el caso con la pista de hielo ubicada en el zócalo, con los ciclotones y con las playas artificiales, cerrar Reforma par que sobre la avenida se realice una fiesta de año nuevo es una idea de la administración de Marcelo Ebrard, ese señor Jefe de Gobierno que, siempre atento a la “calidad de vida” de las personas que viven en la ciudad que gobierna, no deja de sorprendernos con acciones cuyo único fin –¡aquí no caben los populismos ni los planes hacia 2012!– es entretener sanamente a la población.

Ante las críticas de cientos de miles de capitalinos que se han quejado no sólo del reciente cierre de Reforma sino de la frivolidad y superficialidad de la pista de hielo, las playas y los ciclotones, la administración de Ebrard sostiene que este tipo de cosas son comunes en varias ciudades del planeta, como Nueva York, Paris y otras. Así, se supone que, gracias a la gran visión de don Marcelo, la Ciudad de México estaría a la par de urbes como las mencionadas: ¡por fin hemos alcanzado al primer mundo!

Si bien es cierto que hay defeños que sí disfrutan de la pista, de las playas, de los ciclotones y que, seguramente, estarán en Reforma para recibir el 2009, no hay manera de argumentar que la Ciudad de México esté a la par de otras ciudades que sí son de primer mundo. Y no, señor Ebrard, dichas ciudades no son consideradas de vanguardia porque, como ocurre aquí, cuentan con pistas de hielo, playas artificiales y celebraciones a media calle cuando comienza un nuevo año; lo que las hace urbes envidiables es que, aunque tienen problemas –nada es perfecto, obviamente–, la calidad de vida que proveen es muy superior a la que la Ciudad de México brinda.

¿Cuál es la diferencia de fondo? En Nueva York, Berlín, Paris, Madrid, Londres, Tokio y otras grandes ciudades, las celebraciones, pistas y similares son un complemento a la buena acción del gobierno: allá, las autoridades sí ponen los bueyes delante de la carreta, es decir, sí acomodan las cosas de acuerdo a como se espera que funcionen mejor, siempre teniendo claro cuáles son las prioridades que hay que respetar. Por eso, esas ciudades avanzan. Mientras tanto, en la Ciudad de México, la autoridad hace lo contrario: pone la carreta delante de los bueyes. Así, la ciudad se atasca.

Y es que la pista, las playas, etcétera, estarían muy bien si no ocurriera que en Iztapalapa no hay agua potable. El cierre de Reforma para celebrar un año más daría gusto si, para movilizarnos a la celebración, contáramos con un sistema de transporte de primer nivel y no existieran los microbuses. Ir a patinar al zócalo sería un experiencia maravillosa si no fuera porque es probable que, en nuestro camino al Centro Histórico, en un falso retén, unos “policías” nos pueden secuestrar. Tirarnos en la arena de las playas artificiales sería agradable si no fuera porque uno de nuestros hijos murió aplastado en el News Divine por culpa de la policía del Distrito Federal.

Enfaticemos nuestro punto: en las ciudades de primer mundo, no nada más hay celebraciones y pistas; también ocurre que los gobernantes renuncian cuando no pueden con sus tareas. De la misma manera, los policías no sólo no secuestran sino que no se pasan los altos ni beben alcohol en las patrullas. Asimismo, uno abre la llave y sale agua cristalina. Igualmente, cuando llueve, no hay “encharcamientos” por todos lados. Además, no existe nada similar a los microbuses que nosotros conocemos: nada. Aunado a ello, cuando se tienen que hacer/remodelar obras de infraestructura y esto afectará a la población, se hace de manera planeada y ordenada, sin prisas asociadas al calendario electoral. Por supuesto, en dichas ciudades también sucede que, si se aprueba un nuevo reglamento vial, la policía lo respalda. Y lo mismo vale para prohibiciones como la de no fumar en espacios públicos cerrados. Etcétera.

En concreto, en las ciudades que son de primer mundo, lo primero que es de tal mundo es la autoridad y todo lo que esto conlleva. Por eso, como decíamos, allá los bueyes sí están delante de la carreta. Pero pobres ilusos ellos: ¿preocuparse por la seguridad pública, la disponibilidad de agua, etcétera? No, mejor vayámonos a Reforma a celebrar: ¡gracias por la fiesta, Marcelo! (¡Feliz 2009, amigo lector!).