(Publicado en "Excélsior," el día 14 de enero de 2009)
Armando Román Zozaya
Querido Carlos Eduardo,
¡Hijo mío, por fin llegaste! Lo digo con gran alegría, obvio, pues soy muy feliz de ser padre, pero, sobre todo, porque el embarazo del que eres producto fue muy complicado. De hecho, en la semana 11, tu madre tuvo un sangrado severo y la tuve que llevar al Hospital Fernando Quiroz (ISSSTE). Los médicos que la recibieron en urgencias –jóvenes y sin mucha experiencia– nos dijeron que te habíamos perdido. Sin embargo, afortunadamente, un ultrasonido reveló que se equivocaron: si bien a la vista y al tacto parecía que ya no estabas en el útero de tu mamá, en realidad todavía seguías ahí.
Desde entonces, hemos pasado unos meses muy duros y complicados, pero, claro está, todo valió la pena: naciste el día 5 de enero del corriente vía cesárea practicada por el Dr. Mauricio Gutiérrez, a quien le estaremos eternamente agradecidos por todo lo que hizo por ti y por tu madre. Lo mismo vale para el Dr. Eduardo Romero, quien fue el médico del ISSSTE que inició el seguimiento del embarazo de tu mamá y quien, en cuanto se enteró de que ella había ingresado a urgencias, se aseguró de que estuviera perfectamente atendida y no le faltara nada durante su estancia en el hospital, la cual duró casi 10 días. De hecho, hijo, te llamas Eduardo por él (y Carlos por mi padre). Otro médico que también hizo su trabajo estupendamente fue el Dr. Ignacio Morales, quien, entre otras cosas, practicó el ultrasonido que descartó que te hubiéramos perdido. Por supuesto, las enfermeras y personal del ISSSTE en general también hicieron su parte: a todos ellos, les expresamos nuestra gratitud.
Hijo, llegas a un país difícil. Por ejemplo, aunque naciste en un hospital privado, todo el embarazo de tu madre fue atendido y cuidado en el ISSSTE, donde la atención recibida no nos costó ni un peso en el punto de uso, cuestión que habla bien de nuestro México, claro. Sin embargo, ¿qué crees? Resulta que hay millones de mexicanos que no tienen acceso a servicios de salud. De esta manera, entre otras muchas cosas, hay niños chiquitos, como tú, que mueren de enfermedades plenamente curables: una tragedia. Esta circunstancia es producto de uno de los problemas centrales de nuestra sociedad: una terrible y lacerante desigualdad de oportunidades en todos los niveles y en todo terreno.
Otra dificultad grave está dada por la falta de autoridad: lamentablemente, en las calles de nuestro país se vale de todo. Sí, hijo, de todo: desde asesinar hasta dejar en las aceras la basura que se haya generado en la propia casa de uno. Obviamente, esto no es nada más culpa de quienes se supone gobiernan: la responsabilidad es también de nosotros, los ciudadanos, pues no nos comportamos cívicamente y, aprovechándonos de la falta de legalidad, hacemos lo que queremos. Claro está que no todo mundo es así, pero, en general, en este país se respira impunidad y, de la mano de ésta, sobran quienes abusan tanto de lo público como del prójimo.
Por si eso fuera poco, estamos atrapados en una terrible crisis económica. Esta crisis no sólo afecta a México: es global (por eso mismo es brutal). Todavía no está claro cuánto durará, pero, sí sabemos que ha golpeado severamente al empleo y a la inversión. Igualmente, ha resultado en inflación y restricciones para acceder a créditos. Todo esto provocará que los mexicanos suframos una pérdida de calidad de vida (algunos más que otros, por supuesto. De hecho, hay familias que ni se han enterado de la crisis. Entre ellas se encuentran, te lo garantizo –ya comprenderás por qué–, las de los diputados, senadores y altos funcionarios de los tres poderes, federales y de los estados).
A pesar de todo, hijo, México tiene un enorme potencial. Lo que requerimos para salir adelante es que, entre otras cosas, quienes ya tenemos un rato aquí cambiemos nuestras actitudes ante la autoridad, ante lo público y ante los demás. Asimismo, es necesario que, quienes gobiernan, lo hagan en serio. Igualmente, nos urge rediseñar nuestros esquemas educativos pues, de otra forma, nunca seremos competitivos a nivel mundial. Finalmente, es apremiante que, quienes acaban de llegar, como tú, sean educados para respetarse a sí mismos, al prójimo y a lo público, es decir, hay que asegurarnos de formar buenos ciudadanos, trabajadores y responsables, en todos los sentidos, con la sociedad en la que viven: eso es justo lo que intentaremos hacer contigo tu madre y yo pues anhelamos que, para cuando tú tengas un hijo, le escribas una carta en la que describas un país diferente al que te estoy describiendo yo.
Pues bueno, Charlie, sé bienvenido.
Saludos y abrazos,
Tu papá
jueves, enero 15, 2009
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