miércoles, mayo 06, 2009

"La economía y los partidos"

(Publicado en Excélsior, el día 22 de abril de 2009)


Armando Román Zozaya

De acuerdo con el Indicador Global de Actividad Económica del INEGI, la economía mexicana se contrajo 9.1% durante enero del corriente respecto al mismo mes del año pasado; su peor caída desde julio de 1995. Aunado a lo anterior, según cifras de la Secretaría de Hacienda, durante el primer bimestre del año en curso la recaudación fiscal ha sido considerablemente menor que la lograda en enero-febrero de 2008. Evidentemente, lo que reporta Hacienda está vinculado a lo que informa INEGI, es decir, se está recaudando menos porque la economía está rindiendo menos.

Todo esto es indicativo, obvio, de que la actual crisis es muy profunda. Dicho sea de paso, también lo es de que el gobierno federal se equivocó al considerar que sólo padeceríamos una “gripa,” cuestión que implicó que no se pusieran en marcha medidas anticíclicas lo más pronto posible. Y es que si bien es verdad que no hay política pública que nos saque del hoyo en el que estamos –para dejar el atolladero necesitamos que la economía estadounidense se reactive–, también es cierto que el gasto público no está fluyendo tan rápido como debería y, por mencionar un ejemplo concreto, ni siquiera sabemos todavía a ciencia cierta dónde estará la refinería cuya construcción deberá brindarle cierto impulso a la economía (¿Tula o Salamanca?).

Pero por grave que sea, lo más preocupante no es lo anterior sino que, de cara al futuro, es decir, más allá de la coyuntura, nuestros partidos políticos no parecen tener ideas claras respecto a qué hacer en el terreno económico. De hecho, ahora que nos están pidiendo que votemos por ellos, ninguno pasa de apuntar que faltan empleo y oportunidades. Pero nada hay de los cómos, de qué pasos y estrategias seguir para lograr que la economía mexicana logre las tasas de crecimiento económico, y la distribución del ingreso, que tanta faltan le hacen.

No hay que darle muchas vueltas al asunto: en un mundo en el que la competencia es voraz y la capacidad para acaparar mercados e inversiones es crucial, no tenemos más opción que incrementar nuestra competitividad. Para conseguirlo, es necesario, por lo menos, que acabemos con la inseguridad pública –cuestión que implica un mar de acciones que van desde capacitar adecuadamente a los policías hasta que nuestro aparato de justicia funcione de manera expedita y sin corruptelas–. Además, es apremiante que eduquemos mejor a nuestros jóvenes y niños, que elevemos la calidad de nuestra infraestructura, que cobremos impuestos de una manera más sencilla y justa, que utilicemos el gasto público eficientemente, que terminemos con los monopolios, que reformemos la vida interna de nuestros sindicatos con el fin de favorecer los mecanismos de mercado y que acabemos con la discriminación que sufren en el ámbito laboral las mujeres, los homosexuales, los adultos mayores y los indígenas.

Obviamente, lo que aquí proponemos conlleva a su vez una serie de esfuerzos que exigen gran capacidad y talento políticos, así como mucho valor: ¿quién dice “yo” para poner fin a los privilegios del SNTE y del sindicato de PEMEX? ¿Quién podrá reformar a fondo nuestro sector energético? ¿Quién logrará que los gobernadores y presidentes municipales hagan más para abatir la inseguridad? ¿Quién conseguirá que los mexicanos que más tienen paguen más impuestos? ¿Quién se va a animar a deshacerse de todos los burócratas que cobran pero no trabajan? ¿Quién logrará que los partidos políticos vean reducido su estratosférico presupuesto? De hecho, con las elecciones en puerta, ¿qué partido se ha comprometido con acciones similares a las que aquí hemos listado?

La economía mexicana está, pues, en la lona. Por su parte, los partidos políticos o no lo comprenden o no le dan la importancia debida, cuestión que preocupa. De hecho, no los estamos atacando sino pidiéndoles que reaccionen adecuadamente. Es más, si lo que quieren son votos, bien harían en proponernos cómo vamos a resolver los problemas de fondo del país; cualquier otra cosa constituye pura politiquería, nada más que “grilla,” grandes cantidades de dinero público tiradas a la basura y una desesperante pérdida de tiempo.

Lo más triste de todo es que ahora no nada más los partidos sino hasta el IFE mismo cree –eso evidencian sus promocionales en TV y radio– que por el mero acto de votar se acabarán las injusticias y habrá oportunidades (eso sí, el IFE nos invita a “pensarle” bien antes de sufragar). Pero el hecho es que los partidos no nos proponen nada serio para, precisamente, abatir las injusticias, crear oportunidades y potenciar nuestra economía: he ahí el problema.