(Publicado en "Excélsior," el 26 de agosto de 2009)
Armando Román Zozaya
Dice el Presidente Calderón que muchos hablan mal de México. Esto resulta en que la imagen del país en el exterior es muy mala. No es la primera vez que el Presidente reclama a aquellos que señalan nuestras carencias y limitaciones. En concreto, en febrero pasado, a quienes piensan que estamos mal, el Presidente les llamó “catastrofistas” que se dedican a “deliberadamente falsear, dividir o enconar”. De esto se desprenden dos cuestiones preocupantes: 1) un Presidente autoritario, y 2) una alarmante incapacidad de parte de el Presidente mismo, y de su equipo, para darse cuenta de qué país gobiernan.
Si hacemos lo anterior, los inversionistas de otros países, los turistas, los gobiernos de otras naciones, las empresas transnacionales, los organismos internacionales, las ONGs también internacionales y cualquier persona, sabrán que México es un país donde la gente se siente segura, donde se invierte y produce sin problemas. Una vez que la imagen del país haya cambiado, todo será diferente: ya no habrá secuestros, ni violaciones, ni trata de personas, ni robo de menores, ni funcionarios corruptos, ni legisladores inútiles, ni partidos políticos que nada más estorban, ni sindicatos que no permiten la modernización de la educación y de la economía, ni una empresa petrolera que antes era líder en su ramo y ahora está cerca de quebrar, ni finanzas públicas en crisis estructural porque dependen desde hace mucho tiempo de dicha empresa, ni nada malo. Lo mejor de todo es que nuestros problemas se habrán solucionado, literalmente, de un plumazo, sin hacer nada de fondo al respecto, sin esfuerzo alguno.
Caray: ¡qué brutos son quienes piensan que el país está mal! Mejor que no se alarmen, que ya no mientan deliberadamente, que ya no enconen ni dividan; que hablen bien de México y disfruten del país en el que viven el señor Calderón y sus colaboradores. Si Usted insiste, amigo lector, en que las cosas no están bien, no se apure: el presidente Calderón le hará ver que es Usted un catastrofista, un psicótico, y le quitará la venda de los ojos. Pero no porque sea autoritario y lo quiera obligar a ver el país que él ve, sino porque le está haciendo el favor de aclararle la visión: no sea Usted, pues, malagradecido y, como comentábamos, a partir de ya, hable bien de México: en eso, y no en la solución real de nuestros problemas, radica la ruta a un país mejor: obvio.


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